Canadá aprendió a escalar algunas de sus montañas más impresionantes gracias a hombres que llegaron desde los Alpes suizos
Canadá aprendió a escalar algunas de sus montañas más impresionantes gracias a hombres que llegaron desde los Alpes suizos.
A finales del siglo XIX, el ferrocarril Canadian Pacific intentaba convertir las Montañas Rocosas y las Selkirk en un destino para viajeros y aventureros.
El tren ya permitía llegar hasta paisajes antes casi inaccesibles. Hoteles como Glacier House, cerca del paso Rogers, recibían visitantes atraídos por glaciares, valles y cumbres que todavía aparecían como territorios desconocidos en muchas guías.
Pero existía un problema.
Canadá aún no contaba con una tradición consolidada de guías profesionales capaces de conducir a turistas por aquel terreno. Los accidentes podían poner en peligro tanto a los viajeros como al naciente negocio turístico del ferrocarril.
La solución llegó desde Suiza.
En 1899, Canadian Pacific contrató a Christian Haesler y Eduard Feuz, dos guías certificados procedentes de Interlaken. Cruzaron el Atlántico llevando cuerdas de cáñamo, piolets y conocimientos transmitidos durante generaciones en los Alpes.
Su trabajo no consistía simplemente en indicar un camino.
Enseñaban a moverse sobre hielo, reconocer grietas, utilizar cuerdas, interpretar el clima y escoger rutas que permitieran regresar con seguridad. También ayudaron a trazar senderos y accesos hacia glaciares y zonas de escalada.
El éxito fue inmediato.
Durante los años siguientes llegaron nuevos guías suizos. Entre 1899 y 1954, cerca de 35 trabajaron para los hoteles del ferrocarril en las Montañas Rocosas y las Selkirk.
Su influencia fue enorme.
Antes de 1911, guías suizos participaron en 50 de las 56 primeras ascensiones realizadas a montañas canadienses de más de 3.000 metros. Para 1925 ya habían dirigido más de 250 primeros ascensos.
Acompañaron a turistas, científicos y exploradores por lugares como Lake Louise, Yoho y Rogers Pass. Algunas de las rutas y senderos creados durante aquella época todavía son utilizados por miles de personas.
El ferrocarril también convirtió su imagen en parte de la publicidad.
Los anuncios presentaban el oeste canadiense como “cincuenta Suizas en una” y mostraban a los guías con sus cuerdas, sombreros y piolets, prometiendo aventura bajo la protección de expertos.
Sin embargo, la vida de aquellos hombres no era sencilla. Muchos viajaban únicamente durante el verano y dejaban a sus familias en Europa durante meses.
Para convencerlos de establecerse definitivamente, Canadian Pacific construyó seis casas de estilo alpino en Golden, Columbia Británica. En 1912 quedó terminado el poblado conocido como Edelweiss Village, donde varios guías vivieron junto a sus esposas e hijos.
Así nació una pequeña comunidad suiza en medio de las montañas canadienses.
Su legado fue mucho más allá de las excursiones turísticas. Introdujeron normas de seguridad, formaron a nuevos montañistas y ayudaron a crear una cultura de escalada, rescate y respeto por la montaña.
La conexión entre Suiza y Canadá quedó grabada en senderos, refugios, cumbres y antiguas fotografías.
Hombres formados en los Alpes cruzaron el océano y ayudaron a convertir las montañas del oeste canadiense en uno de los grandes escenarios del montañismo mundial.

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