En 1871, un granjero llamado Heurtin dejó cinco vacas en una isla de 54 kilómetros cuadrados perdida en el sur del Océano Índico...

En 1871, un granjero llamado Heurtin dejó cinco vacas en una isla de 54 kilómetros cuadrados perdida en el sur del Océano Índico y se fue.

Lo que pasó después desafió todo lo que la ciencia creía saber sobre la supervivencia.

Esas cinco vacas se convirtieron en miles. Durante 130 años sobrevivieron en la Isla Amsterdam con vientos huracanados, frío extremo y escasez de agua dulce, sin veterinarios, sin cuidadores, sin intervención humana. Con niveles de consanguinidad cercanos al 30%, un umbral que en la mayoría de las especies animales desencadena enfermedades hereditarias y lleva a la extinción, el rebaño no colapsó.

En 2024, genetistas del INRAE y la Universidad de Lieja analizaron el ADN preservado de esos animales y encontraron algo que nadie esperaba.

No hubo nanismo insular acelerado, como sostenía un estudio de 2017 que afirmaba que las vacas habían reducido su tamaño hasta en tres cuartos en un siglo. El análisis genético no encontró ninguna señal de selección por reducción de talla. Las vacas ya eran pequeñas cuando llegaron.

El secreto estaba en los cinco fundadores: tenían una combinación genética extraordinaria, tres cuartos de linaje taurino europeo emparentado con la Jersey y un cuarto de cebú del Océano Índico, que les dio desde el primer día las herramientas biológicas para sobrevivir en ese entorno extremo.

Cinco vacas abandonadas en una isla remota. Ciento treinta años de supervivencia. Y una lección sobre la genética que la ciencia tardó siglo y medio en descubrir.

📌Fuente: El Cronista - "En 1871, un granjero abandonó cinco vacas en una isla remota: 130 años después, los científicos analizaron sus genes y quedaron helados"

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