En 2026, soldados marroquíes cruzaron el Atlántico para cumplir una misión en uno de los países más inestables del Caribe

En 2004, soldados marroquíes cruzaron el Atlántico para cumplir una misión en uno de los países más inestables del Caribe.

Su destino era Haití.

A comienzos de aquel año, una rebelión armada había extendido el caos por distintas regiones del país. El presidente Jean-Bertrand Aristide abandonó Haití el 29 de febrero, mientras la Policía Nacional, debilitada y con pocos recursos, era incapaz de controlar gran parte del territorio.

Naciones Unidas creó entonces la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, conocida como MINUSTAH.

Marruecos decidió participar mediante una fuerza conjunta con España.

El primer contingente español llegó a finales de octubre de 2004. Pocos días después se incorporaron unos 160 militares marroquíes. Juntos formaron un batallón bajo mando español que asumió su zona de responsabilidad el 9 de noviembre.

La base principal fue instalada en Fort-Liberté, en el nordeste de Haití, cerca de la frontera con República Dominicana. También se mantuvieron posiciones en Ouanaminthe y otras localidades de una región marcada por la pobreza, el contrabando, la presencia de grupos armados y la debilidad de las instituciones.

Su tarea incluía patrullar carreteras, instalar puntos de control, proteger poblaciones y vigilar los principales pasos fronterizos.

La misión comenzó en un momento especialmente difícil.

En septiembre, la tormenta tropical Jeanne había provocado inundaciones y deslizamientos devastadores. La ciudad de Gonaïves quedó cubierta por el agua y el lodo, mientras miles de personas murieron o desaparecieron.

Cuando el contingente hispano-marroquí inició sus operaciones, Haití todavía enfrentaba las consecuencias del desastre y una profunda emergencia humanitaria.

Los soldados patrullaron rutas utilizadas para transportar alimentos y suministros, colaboraron con organizaciones humanitarias y ayudaron a crear condiciones de seguridad para que la asistencia pudiera llegar a las comunidades.

También participaron en la distribución de agua, ropa, alimentos y medicamentos. Los equipos sanitarios atendieron a civiles en pueblos, bases y centros de detención de la región.

Para los militares marroquíes, aquel despliegue significó trabajar a miles de kilómetros del norte de África, en un territorio cuya lengua, geografía y realidad social eran completamente diferentes.

La operación también resultó singular porque reunió bajo un mismo mando a fuerzas de España y Marruecos, dos países con una relación histórica compleja, para actuar conjuntamente en suelo haitiano.

La conexión entre Marruecos y Haití quedó así marcada por los cascos azules que patrullaron las carreteras del nordeste.

Hombres llegados desde África cruzaron el océano para intentar mantener abiertas las fronteras, proteger las rutas de ayuda y ofrecer cierta estabilidad a comunidades atrapadas entre la violencia, la pobreza y las consecuencias de un desastre natural.

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