La imagen pública de Jane Goodall suele mostrarla sentada tranquilamente junto a los chimpancés

La imagen pública de Jane Goodall suele mostrarla sentada tranquilamente junto a los chimpancés. Pero uno de ellos estuvo a punto de arrojarla por una pendiente.

Se llamaba Frodo.

Había nacido en 1976 dentro de la comunidad de Kasekela, en el Parque Nacional de Gombe, Tanzania. Era hijo de Fifi, una hembra de alto rango a la que Goodall había observado durante años.

De pequeño parecía inquieto y curioso. Robaba cuadernos y binoculares a los investigadores. Con el tiempo se convirtió en el chimpancé más grande y fuerte conocido en Gombe, con un peso cercano a los 55 kilos.

También desarrolló una conducta especialmente agresiva.

Arrojaba piedras, embestía a visitantes, derribaba investigadores y utilizaba su fuerza para intimidar tanto a otros chimpancés como a los humanos. Goodall contó que Frodo parecía haberla elegido especialmente a ella.

En 1989, durante uno de aquellos encuentros, Frodo avanzó directamente hacia la investigadora, la derribó y comenzó a arrastrarla.

Después la pisoteó y golpeó su cabeza contra una roca. Goodall quedó herida y sangrando, pero el chimpancé se alejó.

Por un momento pensó que todo había terminado.

Frodo regresó y volvió a atacarla.

Finalmente, la empujó hacia el borde de una pendiente. Goodall explicó años después que unos pequeños arbustos detuvieron su caída. Sin ellos, probablemente no habría sobrevivido.

Frente a un chimpancé de aquella fuerza no existía una defensa física posible. Goodall describía sus embestidas como recibir la carga de un tanque. Solo podía sujetarse a un árbol, evitar desafiarlo y esperar a que la demostración terminara.

A pesar de la violencia, nunca interpretó aquellos ataques como odio humano. Consideraba que Frodo intentaba demostrar su superioridad y probablemente no comprendía cuánto daño podía causar. Según ella, si realmente hubiera querido matarla, lo habría hecho.

En 1997, Frodo desplazó a su hermano Freud y se convirtió en el macho alfa de Kasekela. Gobernó durante cinco años principalmente mediante la fuerza, hasta que una enfermedad debilitó su posición.

Su comportamiento obligó a recordar una realidad que las imágenes afectuosas podían ocultar: los chimpancés no son versiones amables o incompletas de los seres humanos.

Son animales salvajes con personalidades individuales, alianzas, afectos, rivalidades y una capacidad de violencia considerable.

Goodall dedicó su vida a mostrar tanto su ternura como su lado más oscuro. Comprenderlos, para ella, nunca significó idealizarlos.

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