La primera gran conexión entre México y Corea no nació en una embajada

La primera gran conexión entre México y Corea no nació en una embajada. Nació entre las fibras cortantes del henequén.

El 4 de abril de 1905, un grupo de 1.033 coreanos partió del puerto de Chemulpo, actual Incheon, a bordo del barco británico Ilford. Entre ellos viajaban hombres, mujeres y niños atraídos por anuncios que prometían buenos salarios y mejores oportunidades al otro lado del océano.

Dos menores murieron durante la travesía. Los 1.031 pasajeros restantes desembarcaron en Salina Cruz, Oaxaca, y continuaron por tierra y mar hasta Yucatán.

Allí descubrieron que el trabajo que los esperaba era muy diferente de lo prometido.

Fueron distribuidos entre decenas de haciendas dedicadas al cultivo del henequén, una planta cuyas fibras se utilizaban para fabricar cuerdas y sacos. Su enorme valor comercial la había convertido en el llamado “oro verde” de Yucatán.

Para quienes trabajaban en los campos, sin embargo, aquel oro significaba calor extremo, hojas afiladas, jornadas agotadoras y salarios que apenas permitían sobrevivir. Sus contratos se extendían durante cuatro años y muchos quedaron sometidos a sistemas de deuda y dependencia que limitaban su libertad.

La mayoría pensaba regresar a Corea cuando terminara el compromiso laboral. Pero en 1905 Japón impuso un protectorado sobre la península y en 1910 la anexó formalmente. Al mismo tiempo, la Revolución mexicana alteró las comunicaciones y la economía del país.

Cuando los contratos terminaron, muchos trabajadores no tenían dinero suficiente para pagar el viaje de regreso. Otros ya no tenían una nación independiente a la cual volver.

Las familias comenzaron entonces a construir una vida en México. Trabajaron junto a comunidades mayas, aprendieron sus lenguas y el español, formaron nuevos hogares y establecieron escuelas para enseñar a sus hijos la historia y el idioma de una patria cada vez más distante.

En 1921, ante la crisis de la industria henequenera, cerca de 300 integrantes de la comunidad emigraron desde México hacia Cuba. Los demás se dispersaron por Yucatán y otras regiones, mientras sus descendientes se integraban gradualmente a la sociedad mexicana.

México y Corea del Sur establecieron relaciones diplomáticas el 26 de enero de 1962, casi 57 años después de aquella travesía.

Para entonces, la relación entre ambos pueblos ya tenía varias generaciones de historia. Había comenzado con personas que llegaron persiguiendo una promesa, encontraron una realidad mucho más dura y terminaron dejando raíces coreanas en suelo mexicano.

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