Un militar de familia escocesa llegó a Marruecos para enseñar a marchar a unos soldados
Un militar de familia escocesa llegó a Marruecos para enseñar a marchar a unos soldados. Terminó comandando tropas, acompañando al sultán por el país y ayudando a mantener en secreto su muerte.
Su nombre era Harry Aubrey de Vere Maclean.
Nació en 1848 en Chatham, Inglaterra, pero pertenecía a una familia originaria de Drimnin, en Argyllshire, vinculada al clan Maclean. En 1869 ingresó en el Ejército británico y sirvió en Canadá, Bermuda y Gibraltar.
En 1876 abandonó la carrera militar.
Al año siguiente, el sultán Mulai Hassan envió a cien soldados marroquíes a Gibraltar para recibir instrucción. También solicitó que un oficial británico regresara con ellos y ayudara a formar parte de su ejército.
Maclean aceptó.
Comenzó como instructor en Tánger y pronto recibió el título de caíd, junto con el mando de 400 soldados de infantería vinculados a la corte.
El sultán le había prometido aumentar su salario cuando pudiera impartir órdenes sin intérprete. Maclean aprendió suficiente árabe en unos tres meses y con el tiempo llegó a hablarlo con fluidez, aunque su fuerte acento escocés divertía al monarca.
Su función terminó superando ampliamente la instrucción militar.
Acompañó al sultán en largas expediciones por Marruecos, visitó regiones poco accesibles para los europeos y llegó a Tafilalt, cuyo acceso estaba entonces restringido. En 1892 recibió el mando de una fuerza enviada para sofocar una rebelión de la tribu Anjera.
Cuando Mulai Hassan murió durante una expedición en 1894, Maclean participó en la decisión de mantener la noticia en secreto hasta que pudiera asegurarse la sucesión de su hijo Abdelaziz. La maniobra evitó que la muerte del sultán provocara una lucha inmediata por el poder.
Maclean conservó la confianza del nuevo gobernante y se convirtió en uno de sus principales asesores. Al mismo tiempo, colaboraba de manera informal con la representación británica en Tánger, una posición delicada en un Marruecos disputado por varias potencias europeas.
Vestía prendas marroquíes, pero continuaba tocando la gaita. Su figura reunía dos mundos que rara vez parecían encontrarse.
En julio de 1907 vivió el episodio más peligroso de su carrera. Mientras negociaba en nombre del Gobierno marroquí, fue secuestrado por los hombres de Ahmed al-Raisuli, un poderoso líder que buscaba obligar al sultán a aceptar sus demandas.
Maclean permaneció cautivo durante siete meses.
Sobrevivió, pero el encierro deterioró seriamente su salud. Poco después terminó su servicio en la corte y dividió sus últimos años entre Inglaterra y Tánger, donde murió en 1920.
La conexión entre Escocia y Marruecos quedó representada en aquel hombre que llegó como instructor extranjero y terminó ocupando un lugar tan cercano al poder que ayudó a dirigir tropas, asegurar una sucesión y acompañar a dos sultanes en uno de los periodos más delicados de la historia marroquí.

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