Eran aliados contra Japón, pero durante dos noches terminaron combatiendo entre ellos en las calles de Brisbane

Eran aliados contra Japón, pero durante dos noches terminaron combatiendo entre ellos en las calles de Brisbane.

En 1942, Australia se había convertido en una base fundamental para las operaciones estadounidenses en el Pacífico. A lo largo de la guerra, cerca de un millón de militares de Estados Unidos pasaron por territorio australiano, y muchos fueron destinados a Queensland.

Su presencia ayudó a reforzar la defensa del país, pero también generó resentimientos.

Los estadounidenses recibían aproximadamente el doble del salario de los soldados australianos y tenían mayor acceso a cigarrillos, chocolate, alcohol y otros productos escasos. Vestían uniformes mejor abastecidos, gastaban más dinero y recibían ciertas facilidades que muchos locales consideraban injustas.

También existían disputas por las mujeres, diferencias culturales y rechazo hacia la autoridad ejercida por la policía militar estadounidense.

La tensión estalló la noche del 26 de noviembre de 1942.

El soldado estadounidense James Stein se encontraba conversando con varios militares australianos cuando dos policías militares le exigieron su permiso de salida. Los australianos interpretaron la intervención como un abuso e intentaron defenderlo.

Cuando uno de los policías levantó su bastón, un australiano respondió con un golpe.

La pelea creció en cuestión de minutos.

Miles de soldados y civiles se concentraron en las calles. Volaron piedras, botellas y trozos de madera. Se rompieron ventanas y varios establecimientos estadounidenses fueron atacados.

Durante los disturbios se escucharon disparos. El artillero australiano Edward Sidney Webster recibió una bala en el pecho y murió poco después.

La violencia continuó al día siguiente.

Para la noche del 27 de noviembre, más de 2.000 personas participaban en distintos enfrentamientos alrededor de cantinas e instalaciones militares. El piso inferior de un centro de abastecimiento estadounidense quedó destruido.

Los bomberos fueron llamados para dispersar a la multitud con agua, pero el responsable del equipo se negó a dirigir las mangueras contra los australianos.

Al menos nueve militares australianos y once estadounidenses sufrieron heridas graves. Muchos otros recibieron lesiones menores, aunque nunca se estableció una cifra definitiva.

El episodio pasó a la historia como la Batalla de Brisbane.

Las autoridades intentaron limitar la información para evitar que el escándalo dañara la alianza entre ambos países. La censura y el silencio oficial provocaron que durante años circularan versiones exageradas sobre muertos, tiroteos y enfrentamientos mucho mayores.

Poco después, australianos y estadounidenses volvieron a combatir juntos contra Japón.

La Batalla de Brisbane reveló que una alianza militar no elimina las rivalidades, los prejuicios ni las desigualdades. Ambos países compartían un enemigo en el Pacífico, pero durante dos noches descubrieron que la tensión también podía convertirlos en adversarios.

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