Pelé no necesitó fingir la potencia de sus disparos durante el rodaje de Escape a la victoria
Pelé no necesitó fingir la potencia de sus disparos durante el rodaje de Escape a la victoria. Uno de ellos terminó rompiéndole un dedo a Sylvester Stallone.
La película, dirigida por John Huston y estrenada en 1981, reunió a actores como Michael Caine, Max von Sydow y Stallone con varias figuras del fútbol, entre ellas Pelé, Bobby Moore y Osvaldo Ardiles.
La historia transcurre durante la Segunda Guerra Mundial. Un grupo de prisioneros aliados acepta enfrentarse a un equipo alemán en un partido organizado como propaganda nazi. Mientras los jugadores se preparan, la resistencia francesa construye un túnel para ayudarlos a escapar durante el descanso.
Pero el partido cambia sus planes.
Aunque pierden 4-1 al finalizar la primera mitad y tienen abierta la ruta de fuga, los prisioneros deciden regresar al campo. Soportan las agresiones de sus rivales y un arbitraje favorable a los alemanes hasta conseguir el empate 4-4.
En los últimos instantes, el personaje de Stallone detiene un penalti. La multitud invade el terreno de juego y ayuda a los prisioneros a mezclarse entre los aficionados para escapar.
Stallone interpretaba al portero, aunque antes del rodaje prácticamente no sabía jugar al fútbol. Pelé y otros profesionales tuvieron que enseñarle los movimientos básicos.
Años después, el actor recordó que intentó detener un penalti lanzado por el brasileño. El balón pasó junto a su mano y le rompió un dedo. Stallone comparó el disparo con una bala de cañón y reconoció que había subestimado por completo la fuerza de un futbolista profesional.
Detrás de la película existe una historia mucho más oscura, aunque no ocurrió exactamente como aparece en la pantalla.
El 9 de agosto de 1942, durante la ocupación nazi de Kyiv, el FC Start se enfrentó al Flakelf, un equipo vinculado con la fuerza aérea alemana.
El conjunto local estaba formado principalmente por antiguos jugadores del Dinamo y el Lokomotiv de Kyiv que trabajaban en una panadería para sobrevivir bajo la ocupación. A pesar de las difíciles circunstancias, derrotaron a los alemanes por 5-3.
Después de la guerra surgió la versión de que los jugadores habían sido amenazados antes del encuentro y ejecutados inmediatamente por negarse a perder. El episodio comenzó a ser conocido como el “Partido de la Muerte”.
La realidad fue más compleja.
Los futbolistas salieron vivos del estadio e incluso disputaron otro partido una semana después. Varios fueron detenidos posteriormente por la Gestapo. Uno murió durante los interrogatorios y tres fueron fusilados meses después en el campo de Syrets.
Sin embargo, las investigaciones no lograron demostrar que aquellas muertes fueran una represalia directa por el resultado del partido. En 2005, una investigación alemana concluyó que no existían pruebas suficientes para establecer esa relación.
Escape a la victoria convirtió aquella memoria de resistencia en una aventura cinematográfica con un final esperanzador.
En la vida real no hubo una multitud liberando a los jugadores. Pero sí existió un equipo que, bajo una ocupación brutal, entró al campo y venció a quienes dominaban su ciudad.

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