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Un estafador convenció a una mujer de que había sido elegido como representante de la Tierra ante el planeta Venus

Un estafador convenció a una mujer de que había sido elegido como representante de la Tierra ante el planeta Venus.

Durante años, ella creyó cada palabra.

A comienzos de la década de 1950, Harold Jesse Berney se presentó ante Pauline Goebel, una secretaria de Washington, como inventor de antenas de televisión. Necesitaba dinero para desarrollar una nueva tecnología y ella realizó una primera inversión de 500 dólares.

Después, la historia comenzó a crecer.

Berney le aseguró que trabajaba en secreto con el Gobierno estadounidense y la empresa Westinghouse en un dispositivo llamado “Modulador”, capaz de producir enormes cantidades de energía.

Solo altos funcionarios conocían el proyecto.

Luego apareció Venus.

Según Berney, un príncipe venusino llamado Uccelles lo había elegido como intermediario entre ambos planetas y le había entregado los conocimientos necesarios para construir aquella máquina.

La operación era tan secreta que Pauline no podía hablar con nadie.

Convencida de que estaba ayudando a su país y de que recibiría grandes ganancias, terminó entregándole cerca de 40.000 dólares, gran parte de sus ahorros.

En abril de 1955 recibió una llamada inquietante.

Una voz le comunicó que Berney había muerto en Venus.

Pauline intentó contactar al presidente Dwight Eisenhower. Poco después apareció una carta del príncipe Uccelles explicando que los venusinos habían logrado devolverlo a la vida.

Berney reapareció y continuó pidiendo dinero.

En 1956 volvió a desaparecer. Esta vez envió a su esposa sus documentos, su reloj y una carta que anunciaba una segunda muerte en Venus.

Su esposa no creyó la historia.

El caso llegó al FBI en 1957. Los agentes descubrieron que Berney no estaba muerto ni viajando por el espacio. Vivía cerca de Mobile, Alabama, donde había abierto un negocio de pintura de letreros y se preparaba para casarse con otra mujer.

Cuando lo detuvieron, respondió:

“¿Viaje a Venus? ¡Qué ridículo!”.

Se declaró culpable de fraude y fue condenado a una pena de entre 20 meses y cinco años de prisión.

Berney había construido su engaño con empresas falsas, cartas escritas en tinta verde, llamadas telefónicas y un planeta lo suficientemente lejano como para que nadie pudiera comprobar nada.

Su gran viaje espacial terminó a pocos kilómetros de Mobile.

No fue derrotado por científicos ni por astrónomos.

Lo encontró el FBI mientras conducía su automóvil hacia un negocio de letreros.

Contenido original en https://www.facebook.com/1411100637720676/posts/1428538822643524

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