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Suiza era neutral, pero una de sus fábricas producía un arma creada para eludir las restricciones impuestas a Alemania después d...

Suiza era neutral, pero una de sus fábricas producía un arma creada para eludir las restricciones impuestas a Alemania después de la Primera Guerra Mundial.

En 1919, el Tratado de Versalles redujo drásticamente la industria militar alemana. Rheinmetall respondió trasladando parte de su desarrollo al extranjero.

En 1929 creó Waffenfabrik Solothurn, instalada en el cantón suizo del mismo nombre. Sobre el papel era una empresa suiza. En la práctica, permitía que diseños vinculados a Rheinmetall fueran fabricados y vendidos fuera de Alemania.

Su producto más conocido fue la familia de fusiles antitanque Solothurn S18.

El S18/1000 era un arma semiautomática de 20 milímetros, medía más de dos metros y pesaba más de 50 kilos. Su potente munición podía atravesar el delgado blindaje de muchos tanques y automóviles militares de la década de 1930.

Era una obra de ingeniería sofisticada, pero difícil de transportar y costosa de fabricar. Necesitaba varios hombres, munición pesada y, con frecuencia, una pequeña cureña con ruedas.

Países que terminarían combatiendo en bandos diferentes compraron versiones del arma.

Los Países Bajos la adquirieron para defenderse de una posible invasión alemana. Italia la utilizó en el norte de África junto a las fuerzas del Eje. Hungría produjo una variante bajo licencia y otros países también evaluaron o compraron cantidades menores.

Cuando Alemania invadió los Países Bajos en 1940, soldados neerlandeses emplearon fusiles Solothurn contra vehículos blindados alemanes.

La paradoja era evidente: una tecnología de origen alemán, fabricada en Suiza para escapar de Versalles, estaba siendo utilizada contra el ejército alemán.

Pero su periodo de utilidad fue breve.

A medida que los tanques recibieron blindajes más gruesos, los proyectiles de 20 milímetros dejaron de ser suficientes. Lo que pocos años antes podía perforar un vehículo comenzó a resultar inútil contra modelos como el T-34 o el Sherman.

El arma concebida para detener tanques quedó relegada a disparar contra vehículos ligeros, posiciones fortificadas y otros objetivos menos protegidos.

La historia también revela los límites de la neutralidad suiza durante la guerra.

Las empresas del país comerciaron con diferentes compradores, pero entre 1940 y 1944 el 84 % de las exportaciones suizas de municiones tuvo como destino las potencias del Eje.

Waffenfabrik Solothurn terminó en la lista negra de los Aliados y fue liquidada después de la guerra. Muchos de sus fusiles quedaron almacenados porque ya eran obsoletos.

El Solothurn S18 fue una de las armas antitanque más sofisticadas de su generación.

También fue el producto de una época en la que las prohibiciones podían evitarse trasladando una fábrica unos kilómetros más allá de una frontera.

Alemania aportó el interés militar, Suiza ofreció el territorio y compradores de distintos bandos pagaron por el resultado.

La neutralidad no impidió fabricar armas.

Solo permitió venderlas bajo otra bandera.

Contenido original en https://www.facebook.com/1411100637720676/posts/1428690929294980

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