En el corazón de Suecia existe una ciudad cuyos canales, calles y primeros edificios fueron diseñados con una marcada influencia...
En el corazón de Suecia existe una ciudad cuyos canales, calles y primeros edificios fueron diseñados con una marcada influencia de los Países Bajos.
Esa ciudad es Gotemburgo.
A comienzos del siglo XVII, Suecia necesitaba una salida segura hacia el mar del Norte. Su estrecha franja de costa occidental estaba rodeada por territorios controlados por Dinamarca-Noruega, por lo que establecer allí un puerto comercial y defensivo era una prioridad.
Un primer intento de fundar Gotemburgo terminó en desastre: los daneses destruyeron la ciudad en 1611.
El rey Gustavo II Adolfo eligió entonces un lugar más protegido, río arriba, y en 1621 fundó la actual Gotemburgo.
El terreno era estratégico, pero estaba cubierto por marismas y lodo. Para transformarlo en una ciudad habitable, el monarca recurrió a comerciantes, constructores e ingenieros de los Países Bajos, expertos en drenar terrenos húmedos y levantar ciudades atravesadas por canales.
Las obras del puerto habían comenzado en 1620. Cientos de soldados suecos excavaron el gran canal utilizando palas de madera, mientras una bomba movida por caballos retiraba el agua que inundaba constantemente la zona.
Los neerlandeses diseñaron una cuadrícula de calles rectas, canales, puentes y fortificaciones. Las vías de agua permitían transportar mercancías, drenar el suelo y proporcionar una barrera defensiva.
La influencia neerlandesa no quedó limitada a la arquitectura.
En el primer consejo de la ciudad participaron cuatro suecos, tres neerlandeses, tres alemanes y dos escoceses. Gotemburgo llegó a utilizar oficialmente el sueco, el alemán y el neerlandés, y este último mantuvo ese reconocimiento durante aproximadamente medio siglo.
Los comerciantes neerlandeses también recibieron privilegios para atraerlos a la nueva ciudad. Algunos pudieron escoger terrenos cercanos al puerto, lo que generó resentimiento entre habitantes suecos que debían pagar por sus propiedades.
Con el paso de las décadas, la presencia neerlandesa disminuyó y Gotemburgo desarrolló una identidad propia. Algunos canales fueron cubiertos cuando dejaron de ser útiles, pero otros continúan atravesando el centro histórico.
Más de cuatro siglos después, la ciudad conserva calles estrechas, antiguos muelles y una disposición urbana que recuerda a Ámsterdam y a otras ciudades fortificadas de los Países Bajos.
La conexión entre Suecia y los Países Bajos no quedó escrita únicamente en tratados o archivos.
Todavía puede recorrerse a pie, siguiendo los canales de una ciudad sueca que aprendió de los neerlandeses a convivir con el agua.

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