Durante años, nadie comprendió por qué aquella niña lloraba tanto

Durante años, nadie comprendió por qué aquella niña lloraba tanto.

La respuesta permanecía escondida dentro de su cuerpo.

Luo Cuifen nació en una familia campesina de la provincia china de Yunnan. Era la segunda hija y, según sus familiares, sus abuelos esperaban desesperadamente el nacimiento de un varón.

En algunas familias rurales, los hijos hombres eran vistos como quienes continuarían el apellido, heredarían las propiedades y cuidarían de sus padres durante la vejez. Las hijas, en cambio, eran consideradas futuras integrantes de la familia de sus esposos.

Por eso, cuando Luo nació, su llegada no fue recibida con alegría por todos.

Cuando tenía 26 años, los médicos descubrieron más de veinte agujas de coser alojadas en distintas partes de su cuerpo. Algunas se encontraban cerca de órganos vitales y una había sido introducida por la zona blanda del cráneo cuando ella todavía era un bebé.

Los especialistas concluyeron que no había sido un accidente.

Las agujas habían sido utilizadas para intentar matarla lentamente, dejando heridas externas tan pequeñas que podían pasar inadvertidas. La intención habría sido eliminar a la segunda niña de la familia para conservar la posibilidad de tener después al hijo varón que deseaban.

Su familia sospechó del abuelo. Los habitantes del pueblo aseguraron que había prometido deshacerse de la bebé después de que un adivino dijera que traería desgracias.

Nunca pudo demostrarse judicialmente quién introdujo las agujas.

Luo sobrevivió de manera extraordinaria.

Cuando tenía apenas seis meses, una de ellas comenzó a salir a través de una herida en su espalda. Años después apareció otra debajo de sus costillas, pero la pobreza y la ausencia de hospitales cercanos impidieron que la familia conociera la verdadera magnitud de lo ocurrido.

Décadas más tarde, las radiografías revelaron el resto.

Su historia fue relacionada con la antigua preferencia por los hijos varones y con las presiones que durante años produjo la política de planificación familiar en China. Sin embargo, aquella política no creó el desprecio hacia las niñas y tampoco significaba que todas las familias rurales estuvieran limitadas estrictamente a un solo hijo.

Lo sucedido tampoco demuestra que existiera una superstición generalizada según la cual las agujas podían expulsar un “alma femenina” o garantizar el nacimiento posterior de un niño.

En este caso, la razón fue mucho más directa y cruel: alguien habría intentado acabar con la vida de una bebé porque había nacido niña.

Luo creció, se casó y tuvo un hijo. Sobrevivió a las agujas, a la pobreza y al rechazo de quienes debieron protegerla.

Su historia recuerda que detrás de las estadísticas sobre desigualdad entre hombres y mujeres existen vidas reales: niñas que no fueron rechazadas por algo que hicieron, sino simplemente por haber nacido.

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