Durante décadas, Jenny Marx fue reducida a una descripción demasiado pequeña: “la esposa de Karl Marx”
Durante décadas, Jenny Marx fue reducida a una descripción demasiado pequeña: “la esposa de Karl Marx”.
Pero presentarla ahora como la autora secreta de sus libros también sería falsear su historia.
Jenny von Westphalen nació en 1814 dentro de una familia acomodada de Prusia. Recibió una educación poco común para muchas mujeres de su época y, siendo cuatro años mayor que Karl Marx, se comprometió con él en secreto antes de que el joven tuviera una posición estable.
Después de siete años de compromiso, se casaron en 1843.
Jenny no fue una figura ajena a las ideas políticas de su esposo. Compartió su vida intelectual, leyó sus trabajos, discutió sus argumentos y participó activamente en el ambiente revolucionario que los obligó a desplazarse por París, Bruselas, Colonia y finalmente Londres.
La vida en el exilio estuvo lejos de cualquier imagen romántica.
La familia enfrentó deudas, desalojos, enfermedades y periodos en los que tuvo que empeñar ropa, muebles y objetos personales para conseguir comida. Karl y Jenny tuvieron siete hijos, pero solo tres llegaron a la edad adulta.
Cuatro murieron siendo pequeños.
Mientras Marx investigaba y escribía, Jenny administraba una casa constantemente amenazada por la pobreza. También copiaba manuscritos casi ilegibles, revisaba textos, atendía correspondencia, trataba con editores y mantenía contacto con aliados políticos.
Su caligrafía clara permitió preparar para la imprenta numerosos borradores de su esposo.
Esto no significa que Jenny escribiera El capital ni que debamos atribuirle las teorías desarrolladas por Marx y Engels. Significa algo diferente: detrás de aquellas obras existió un trabajo intelectual y doméstico que durante mucho tiempo fue tratado como si no tuviera valor.
Jenny también escribió por cuenta propia.
Publicó comentarios sobre teatro y literatura, siguió de cerca la política europea y mantuvo correspondencia con integrantes del movimiento socialista. No era únicamente la mujer que pasaba en limpio las palabras de otro, sino una persona culta con opiniones y actividad política propias.
La parte más controvertida de la historia familiar ocurrió en 1851.
Helene Demuth, quien vivía y trabajaba con los Marx, dio a luz a un niño llamado Frederick. El nombre del padre no apareció en el registro.
Décadas después surgió la versión de que Karl Marx era el padre y de que Friedrich Engels había asumido la responsabilidad para proteger el matrimonio de su amigo. Esta historia se apoya principalmente en una carta escrita en 1898, cuyo contenido atribuía a Engels una confesión realizada antes de morir.
Muchos biógrafos consideran probable que Marx fuera el padre. Otros historiadores sostienen que las pruebas son insuficientes y que la historia se difundió como una certeza mayor de la que permiten los documentos.
Lo comprobado es que Engels no crió al niño.
Frederick fue entregado a una familia de acogida de Londres, creció apartado del hogar de los Marx y trabajó posteriormente como mecánico. No existe evidencia concluyente de cuánto sabía Jenny sobre su origen.
Por eso, tampoco puede afirmarse como un hecho que Karl mantuviera una relación prolongada con Helene, que no amara a su esposa o que diseñara personalmente un engaño perfectamente documentado.
La relación entre Karl y Jenny estuvo marcada por el afecto, la colaboración, la pobreza y una distribución profundamente desigual de las cargas familiares.
Jenny soportó pérdidas que atravesaron toda su vida. Crió a sus hijos, enfrentó a los acreedores, conservó manuscritos, defendió públicamente el trabajo de su esposo y mantuvo unida una red política internacional.
Murió en 1881, dos años antes que Karl Marx.
No fue la autora secreta de la obra marxista ni una mujer sin ideas que vivía únicamente para servir a su esposo.
Fue una colaboradora esencial cuyo trabajo quedó oculto porque muchas de las tareas que realizaban las mujeres del siglo XIX no aparecían en las portadas de los libros.
Karl Marx no habría dejado de existir sin ella.
Pero el hombre y la obra que hoy conoce el mundo habrían tenido una historia muy diferente sin el trabajo, la resistencia y los sacrificios de Jenny Marx.

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