Hace aproximadamente un siglo, estos excursionistas avanzaron por una estrecha cornisa del Pirineo sin cables de seguridad, sin ...

Hace aproximadamente un siglo, estos excursionistas avanzaron por una estrecha cornisa del Pirineo sin cables de seguridad, sin arneses y con el vacío a pocos pasos de sus pies.

La fotografía fue tomada hacia 1920 en La Fajeta, un paso situado en las paredes del Circo de Carriata, dentro del actual Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

En antiguas referencias, este lugar también aparece relacionado con el nombre de Paso Malo de Salarons.

La imagen resulta impresionante incluso hoy.

Los hombres avanzan en fila, apoyados en bastones de madera y pegando el cuerpo a la pared. Llevan ropa común de montaña, gorras y un equipamiento que parece mínimo frente al terreno que tienen delante.

A un lado se levanta la roca.

Al otro, una ladera abrupta se pierde muchos metros más abajo.

La Fajeta permite superar las paredes del Circo de Carriata y sirve como alternativa al paso de las clavijas de Salarons. No requiere una escalada compleja, pero atraviesa tramos estrechos y expuestos en los que perder el equilibrio puede tener consecuencias graves.

Actualmente, las zonas más delicadas cuentan con un cable metálico que funciona como pasamanos y permite asegurar un arnés. La montaña sigue siendo la misma, pero la forma de recorrerla ha cambiado.

En la época de la fotografía no existía aquella protección.

Cada paso dependía del equilibrio, la experiencia y la capacidad de mantener la calma mientras se avanzaba por una repisa natural tallada en la roca.

La imagen fue tomada pocos años después de que el valle de Ordesa fuera declarado parque nacional en 1918, cuando el turismo de montaña comenzaba a desarrollarse y numerosos recorridos todavía conservaban un carácter verdaderamente incierto.

Quienes aparecen en ella no posaban en un mirador preparado para visitantes.

Estaban cruzando un paso real de alta montaña, con recursos muy distintos a los actuales y sin más protección que su propio cuidado.

Un siglo después, La Fajeta continúa poniendo a prueba a quienes la recorren.

La diferencia es que ahora existe un cable al que aferrarse.

Ellos solo tenían la pared, sus bastones y la decisión de seguir avanzando.

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