Cuando Lenin murió, su cuerpo quedó expuesto en la Plaza Roja y su cerebro terminó convertido en más de 30.000 láminas microscóp...

Cuando Lenin murió, su cuerpo quedó expuesto en la Plaza Roja y su cerebro terminó convertido en más de 30.000 láminas microscópicas.

Vladimir Lenin falleció el 21 de enero de 1924, después de sufrir varios accidentes cerebrovasculares. Durante la autopsia, los médicos extrajeron su cerebro y lo conservaron en formaldehído.

Las autoridades soviéticas esperaban encontrar en su anatomía alguna característica que explicara la inteligencia y las capacidades políticas atribuidas al dirigente revolucionario.

Para realizar el estudio recurrieron al prestigioso neuroanatomista alemán Oskar Vogt. En Moscú se creó un instituto dedicado a investigar el cerebro de Lenin y, posteriormente, los de otras personalidades destacadas.

El órgano fue dividido en más de 30.000 secciones extremadamente delgadas. Cada fragmento podía ser observado bajo el microscopio y comparado con muestras pertenecientes a otras personas.

Después de años de análisis, Vogt afirmó que algunas zonas contenían una presencia notable de grandes neuronas piramidales. Las relacionó con la capacidad para establecer asociaciones mentales y llegó a describir a Lenin como un “atleta del pensamiento asociativo”.

La conclusión resultaba conveniente para el culto que comenzaba a construirse alrededor de su figura.

Sin embargo, los estudios nunca demostraron que aquellas células explicaran su inteligencia, su personalidad o sus decisiones. El cerebro de Lenin no proporcionó una prueba científica de que el líder soviético hubiera sido biológicamente excepcional.

Mientras los investigadores examinaban sus tejidos, otro grupo de especialistas intentaba impedir que su cuerpo desapareciera.

Los anatomistas Vladimir Vorobiov y Boris Zbarsky desarrollaron un procedimiento experimental basado en baños químicos, inyecciones y tratamientos aplicados directamente sobre la piel.

Durante los primeros meses aparecieron zonas oscuras, arrugas y señales de deterioro. También se detectó moho, lo que obligó a los especialistas a modificar las sustancias utilizadas y vigilar constantemente el cuerpo.

El método no detuvo la descomposición de una vez y para siempre.

La conservación depende de un mantenimiento permanente. El cuerpo es examinado regularmente y, aproximadamente cada dos años, es retirado del sarcófago y sumergido durante varias semanas en soluciones de glicerina, alcoholes y otras sustancias.

Cuando una zona pierde color, elasticidad o volumen, los técnicos la tratan o la reconstruyen. Con el paso del tiempo, algunas pequeñas partes han sido reemplazadas por materiales artificiales para conservar la apariencia que observan los visitantes.

Lenin quedó así dividido entre dos proyectos.

Su cuerpo fue transformado en un monumento destinado a parecer inmune al tiempo.

Su cerebro fue cortado en miles de fragmentos mientras un Estado buscaba dentro de sus células la confirmación científica de que su fundador había sido un hombre excepcional.

Décadas de investigaciones y productos químicos consiguieron preservar su imagen.

Lo que nunca pudieron conservar dentro del mausoleo fue la Unión Soviética que había nacido bajo su liderazgo.

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