En 2026, Robert Scanlon ayudó a cargar sobre sus hombros al dictador Idi Amin

En 1975, Robert Scanlon ayudó a cargar sobre sus hombros al dictador Idi Amin.

Dos años después, desapareció dentro de una de sus prisiones.

La fotografía fue tomada en Kampala durante una recepción diplomática. Idi Amin aparece sentado en una silla cubierta con una tela de apariencia felina, vestido con uniforme militar y sosteniendo un látigo, mientras cuatro empresarios británicos lo levantan ante los asistentes.

La escena parecía diseñada para ser vista.

Uganda había sido un protectorado británico hasta 1962. Ahora, un gobernante africano era elevado simbólicamente por hombres procedentes de la antigua potencia colonial.

Amin comprendía el poder de las imágenes. Durante su gobierno utilizó ceremonias, uniformes, títulos extravagantes y provocaciones públicas para alimentar su figura y desafiar a quienes consideraba enemigos.

Entre los hombres que cargaron la silla se encontraba Robert Scanlon, un ingeniero y empresario nacido en Gran Bretaña que había adoptado la ciudadanía ugandesa.

En junio de 1977, cuando las relaciones entre Amin y el Reino Unido atravesaban una grave crisis, Scanlon fue detenido y acusado de espionaje.

La radio estatal anunció que, si era declarado culpable, sería ejecutado antes de terminar la semana.

Al mismo tiempo, los británicos que aún permanecían en Uganda fueron sometidos a restricciones y se les impidió abandonar el país. Amin acababa de ser excluido de una reunión de la Commonwealth en Londres y convirtió a los residentes extranjeros en instrumentos de presión política.

Durante semanas, el destino de Scanlon permaneció rodeado de versiones contradictorias.

El Gobierno ugandés aseguró después que había escapado de una prisión remota con ayuda de la inteligencia británica. Sin embargo, testimonios posteriores indicaron que continuaba bajo custodia.

Según informes recopilados por Amnistía Internacional y archivos diplomáticos, Scanlon fue asesinado en prisión en septiembre de 1977. Una fuente ugandesa afirmó que él y otros cuatro detenidos fueron golpeados hasta morir.

La misma dictadura que dos años antes lo había utilizado como parte de un espectáculo público terminó haciéndolo desaparecer.

La fotografía adquiere así un significado mucho más inquietante.

No muestra únicamente a cuatro británicos cargando a un gobernante africano. También captura a un hombre que todavía ignoraba que el dictador sentado sobre sus hombros acabaría ordenando su arresto y que nunca regresaría a casa.

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