EL PELIGROSO DESTINO DE LOS GEÓLOGOS EN EL CINE

EL PELIGROSO DESTINO DE LOS GEÓLOGOS EN EL CINE.

Si usted es de los que piensa que el trabajo de campo de un geólogo se reduce a pasear por el monte, picar pedruscos con un martillito y aburrir a las ovejas hablando de la era Paleozoica, lamento decirle que Hollywood tiene una visión bastante más extrema de la profesión.

Un grupo de intrépidos profesionales del gremio de la Universidad de Gotemburgo, liderados por el vulcanólogo Erik Sturkell, ha dedicado quince años de su vida (compaginándolo, queremos suponer, con la docencia) a un exhaustivo y curioso proyecto de investigación. ¿El objetivo? Analizar cómo trata el séptimo arte a los suyos. Las conclusiones de este estudio revelan que ser el tipo que entiende de placas tectónicas en una superproducción es una actividad de mucho riesgo.

Tras analizar con lupa 141 largometrajes rodados entre 1919 y 2023, en los que asoman la cabeza un total de 202 geólogos, los investigadores han llegado a una primera conclusión que debería hacerles sentir orgullosos: por lo general, los geólogos son los buenos de la película y el 85% de ellos son retratados como tipos nobles, íntegros y bienintencionados. Nada que ver con físicos locos construyendo rayos de la muerte en islas privadas, ni químicos siniestros sintetizando venenos para acabar con la humanidad. No, el geólogo suele ser ese científico bonachón y algo desaliñado que advierte al alcalde de turno de que el volcán local está a punto de hacer una escabechina, o el que intenta salvar la papeleta cuando la Tierra decide abrirse en canal. La película favorita del gremio y cumbre del género, según el estudio, es "Un pueblo llamado Dante's Peak" (1997), donde confluyen nada menos que siete de estos profesionales intentando que Pierce Brosnan no termine carbonizado.

Sin embargo, en el cine, la bondad se paga cara. El estudio revela que el 32% de los geólogos mueren antes de que aparezcan los créditos finales. Vamos, que uno de cada tres muere en acto de servicio. ¿Y de qué mueren estos abnegados científicos? Pues sería lógico pensar que el mayor peligro para un geólogo cinematográfico es acabar sepultado por lava o engullido por un terremoto catastrófico. Pero la realidad del guion es mucho más prosaica y violenta. La causa de muerte más común en el cine para este gremio es, pasmense, el asesinato. Sí, los matan. Generalmente porque "saben demasiado" o porque descubren algún oscuro secreto corporativo enterrado bajo tierra. Las otras dos causas que completan el podio del peligro son los riesgos estrictamente geológicos (accidentes laborales provocados por la madre naturaleza) y, cómo no, los encuentros letales con criaturas alienígenas o monstruos subterráneos que pasaban por allí.

El estudio también arroja un dato demográfico implacable sobre la delincuencia en el sector: del total de la muestra, solo 30 geólogos resultaron ser malvados o criminales. Pues bien, de esos 30 villanos, 23 terminaron criando malvas (un sádico 77% de mortalidad). Además, para alivio de la reputación de la profesión, el estudio desvela que 13 de esos "malos" eran en realidad impostores; es decir, delincuentes comunes que se hacían pasar por geólogos para saquear tumbas, buscar tesoros o camuflar su guarida del mal.

El completo análisis de la Universidad de Gotemburgo también saca los colores a la industria cinematográfica en materia de diversidad. El geólogo de película arquetípico sigue respondiendo al clásico hombre blanco y con una inquebrantable afición por las camisas de cuadros. Las mujeres geólogas solo representan el 11% de los personajes analizados en la historia del cine. Es cierto que la tendencia está mejorando en las películas más recientes, pero todavía se queda muy atrás respecto al mundo real, donde los autores estiman que las mujeres ya representan una cuarta parte de la profesión. Si hablamos de minorías étnicas, el panorama es aún más desolador: apenas un 3% de los geólogos cinematográficos no son blancos.

Así que ya lo saben. La próxima vez que vean una película catastrofista y aparezca un tipo con una mochila, cara de no haber dormido y un martillo geológico en la mano, no lo subestimen. Disfrútenlo mientras puedan, porque hay un 33% de posibilidades de que sufra un terrible y cinematográfico final.

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