GEORGE WASHINGTON, EL GENERAL QUE FUNDÓ UN PAÍS ENTRE RESACAS Y ESPÍAS (2º ARTÍCULO CELEBRACIÓN 250 AÑOS EEUU)

GEORGE WASHINGTON, EL GENERAL QUE FUNDÓ UN PAÍS ENTRE RESACAS Y ESPÍAS (2º ARTÍCULO CELEBRACIÓN 250 AÑOS EEUU)

Si vas a un colegio en EEUU, te contarán que George Washington era un tipo tieso como un palo, que nunca mentía y que tenía dientes de madera. Pues es más correcto decir que era un aristócrata de Virginia con un aguante legendario para el alcohol, con dentaduras postizas fabricadas de marfil de hipopótamo, oro, latón y dientes humanos y que tenía un olfato para el salseo que le salvó la vida más veces que su propia estrategia militar.

Estamos en 1776. Los británicos han desembarcado en Nueva York con ganas de sangre. Washington está acorralado. Si los ingleses avanzan, la rebelión se acaba antes de empezar. Y aquí es donde la historia se pone picante. Mientras George intentaba reunir a sus tropas en retirada, el general británico William Howe se detuvo en la mansión de Mary Murray. Mary, que era más lista que el hambre y simpatizante de los rebeldes, decidió que la mejor forma de luchar no era con fusiles, sino con Madeira y pastas finas. Mary entretuvo a Howe con una "merienda" tan larga y encantadora que el general británico se olvidó de perseguir a los americanos. Washington escapó por los pelos mientras Howe se ponía tibio a pasteles. La independencia de EEUU se salvó porque un general enemigo prefirió flirtear con una anfitriona que ganar una guerra. George, por supuesto, nunca se quejó del "sacrificio" de la señora Murray.

Washington no solo era el General en Jefe; era el mayor productor de alcohol de la joven nación. En su plantación de Mount Vernon, George montó una de las destilerías de whisky de centeno más grandes del país. No era un pasatiempo. Washington creía que un hombre que no bebía con sus subordinados no era de fiar y, además, sabía que el alcohol era el pegamento social de la época. En su cena de despedida del ejército, 55 caballeros asistieron al evento en la City Tav: . La cuenta del bar detalla que consumieron 60 botellas de vino de Burdeos, 54 botellas de Madeira, 22 botellas de porter (cerveza oscura), 12 botellas de cerveza común, 8 botellas de whisky, 8 botellas de una especie de sidra sidra dura (con alcohol) y 7 cuencos de ponche que ni en una fiesta universitaria.

Washington era un maestro del engaño... pero del militar. Montó una red de espionaje (el Culper Ring) que era el "Sálvame" del siglo XVIII. Sabía quién se acostaba con quién en el bando británico para usarlo a su favor. Incluso tuvo su propio momento de debilidad romántica. Antes de casarse con la rica viuda Martha (que trajo el dinero que George necesitaba para mantener su estilo de vida), estaba loquito por Sally Fairfax, la mujer de su mejor amigo. Las cartas que le enviaba son pura tensión sexual contenida. George era un experto en "mirar pero no tocar"... al menos hasta que el Madeira hacía efecto.

George Washington no fue un santo. Fue un superviviente. Un hombre que sabía que una cena estratégica podía ganar más batallas que una carga de caballería y que el whisky era mejor moneda que el papel moneda.

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