LA INCREÍBLE HISTORIA DE ISABEL GODÍN DES ODONAIS

LA INCREÍBLE HISTORIA DE ISABEL GODÍN DES ODONAIS

¿Crees que tu vida es complicada o que tu viaje de tres horas en autobús fue un infierno? Pues siéntate y prepárate para conocer a la mujer que dejó a Indiana Jones a la altura de un becario de oficina y a El Último Superviviente como un simple campamento de verano.

Estamos en 1735, cuando la Academia de Ciencias de París estaba en plena crisis existencial: ¿Qué forma exacta tiene la Tierra? Para resolver el debate, enviaron al Virreinato del Perú la Expedición Geodésica Franco-Españolan en la que científicos franceses (como La Condamine, Bouguer y Godin) y españoles (Jorge Juan y Antonio de Ulloa) tenían la misión de medir el meridiano en Ecuador. Y lo que iba a ser una expedición científica, se convirtió en una peli de espías. España vigilaba a los franceses para que no "miraran de más" los territorios coloniales. Tensiones diplomáticas, mapas secretos y ocho años midiendo estrellas y montañas andinas desconocidas para Europa. En medio de todo este jaleo científico, un joven científico francés, Jean Godin des Odonais, conoció en Quito a Isabel de Gramesón, una criolla de familia acomodada nacida en Guayaquil. Fue un flechazo absoluto. Se casaron en 1741, cuando Isabel tenía 13 años (otra época, amigos) y Jean 28. Pero el amor, en el siglo XVIII, no era fácil.

Los científicos terminaron su trabajo y se prepararon para el viaje de vuelta por el Amazonas hacia el Atlántico. Isabel estaba embarazada, así que Jean decidió quedarse en Quito hasta que naciera el niño. Meses después, Jean emprendió el viaje para buscar un barco hacia Francia... y aquí empezó el desastre. Jean se quedó atrapado en la Guayana Francesa. Para volver a ver a Isabel, tenía que cruzar territorios controlados por España y Portugal en plena rivalidad colonial. Los permisos se perdían, los gobiernos pasaban olímpicamente y la burocracia era peor que la de Hacienda. Durante más de dos décadas, Jean e Isabel no pudieron comunicarse. Mientras tanto, Isabel vivía en Riobamba, sufriendo la pérdida de su hija y la ruina familiar. Hasta que un día, por fin, le llegó la noticia: Jean seguía vivo. Y ella tomó la decisión más loca y valiente de su vida: cruzar la selva para reunirse con él.

En 1769, Isabel emprendió una travesía de 4.800 kilómetros desde Riobamba hasta el Atlántico, un viaje que implicaba descender los Andes, navegar por el río Bobonaza y adentrarse en el Amazonas profundo. Era una ruta peligrosa hasta para los exploradores más curtidos, e Isabel no lo era. La expedición fue un episodio de Supervivientes nivel Dios. Las enfermedades, los naufragios y el abandono (los guías huían, y con razón) acabaron con el grupo. En el río Bobonaza, las canoas se perdieron.

Y, de repente, Isabel se encontró sola en mitad de la selva más densa del planeta y sin comida. Durante 9 días estuvo vagando por la selva, comiendo raíces, bebiendo agua de lluvia y esquivando bichos que parecían sacados de una pesadilla. Cuando unos indígenas la rescataron, era un espectro: famélica, con el pelo canoso por el trauma y la piel destrozada. Fue la única superviviente de todo su grupo. Isabel llegó a una misión jesuita y, en 1770, a la Guayana Francesa. Allí se reencontró con su marido después de 21 años de separación. Tres años más tarde, partieron hacia Francia y se establecieron en Saint-Amand, donde vivieron el resto de sus vidas.

Su historia fue relatada por Charles-Marie de La Condamine, el mismo científico que había medido la Tierra, quien la describió como un ejemplo supremo de valor y constancia. Isabel murió en 1792, pero su viaje quedó como uno de los episodios más extraordinarios de supervivencia.

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