Miles de soldados neozelandeses viajaron hacia la Primera Guerra Mundial pensando que llegarían a Europa

Miles de soldados neozelandeses viajaron hacia la Primera Guerra Mundial pensando que llegarían a Europa. Su primer campo de batalla terminó siendo el desierto de Egipto.

El 3 de diciembre de 1914, el cuerpo principal de la Fuerza Expedicionaria de Nueva Zelanda desembarcó en Alejandría. Lo integraban cerca de 8.500 militares y más de 3.000 caballos.

Mientras atravesaban el océano Índico, el Imperio otomano había entrado en la guerra y amenazaba el canal de Suez, una ruta fundamental para las comunicaciones y el transporte del Imperio británico.

El destino de los neozelandeses cambió.

Desde Alejandría fueron trasladados en tren hasta el campamento de Zeitoun, cerca de El Cairo. Allí continuaron su preparación antes de entrar en combate.

La infantería realizaba marchas, ejercicios con armas y maniobras sobre la arena. Las unidades montadas entrenaban con sus caballos en un ambiente muy diferente de los campos verdes que habían dejado al otro lado del mundo.

Durante sus permisos, numerosos soldados visitaron El Cairo, las pirámides y la Esfinge. Las fotografías conservadas en archivos neozelandeses muestran a jóvenes uniformados posando frente a construcciones levantadas miles de años antes de su llegada.

Pero Egipto pronto dejó de ser únicamente un lugar de entrenamiento.

En febrero de 1915, fuerzas otomanas cruzaron la península del Sinaí e intentaron alcanzar el canal de Suez. Unidades neozelandesas participaron en su defensa y vivieron allí sus primeros combates de la guerra.

El soldado William Arthur Ham resultó gravemente herido durante el enfrentamiento del 3 de febrero y murió dos días después. Se convirtió en la primera víctima mortal de combate de la Fuerza Expedicionaria de Nueva Zelanda.

Pocas semanas más tarde, gran parte de aquellas tropas salió de Egipto rumbo a la península de Galípoli.

La campaña comenzó el 25 de abril de 1915 y produjo rápidamente miles de muertos, heridos y enfermos. Los sobrevivientes evacuados regresaban en barcos hacia hospitales de Alejandría y El Cairo.

En Egipto se instalaron centros médicos y hogares de convalecencia para atenderlos. Enfermeras neozelandesas trabajaron durante largas jornadas tratando heridas de combate, disentería, fiebre tifoidea y otras enfermedades extendidas entre los soldados de Galípoli.

Después de la retirada de aquella campaña, los neozelandeses regresaron a Egipto para recuperarse y reorganizarse.

En 1916, la mayor parte de la infantería partió hacia el frente occidental en Francia. Las unidades de fusileros montados permanecieron en Oriente Próximo y participaron en la campaña del Sinaí y Palestina.

Egipto no fue simplemente el paisaje que apareció detrás de sus fotografías.

Era un territorio dominado por el Imperio británico, convertido en campamento, base logística, hospital y campo de batalla para una guerra decidida por potencias extranjeras.

La conexión entre Nueva Zelanda y Egipto quedó conservada en diarios, cementerios y antiguas imágenes.

Hombres nacidos en islas del Pacífico cruzaron medio mundo y encontraron su primer combate bajo el sol del desierto egipcio.

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